A continuación, se detalla cómo se forjó este encuentro y cómo se transmitieron los famosos Seis Yogas.
1. El Contexto: Dos Mundos Conectados por el Dharma
En el siglo XI, el budismo en el Tíbet estaba en una fase de declive y fragmentación. Marpa de Lhodrak (1012–1097), un terrateniente tibetano de temperamento fuerte y gran inteligencia, decidió vender gran parte de sus posesiones y cambiarlas por oro con un único propósito: viajar a la India para buscar las enseñanzas budistas auténticas directas de los grandes maestros (Mahasiddhas).
Por su parte, Naropa (1016–1100) había sido el gran erudito y abad de la famosa universidad monástica de Nalanda. Sin embargo, tras una visión mística, abandonó su estatus académico para buscar al maestro tántrico Tilopa, bajo el cual soportó 12 años de duras pruebas antes de alcanzar la iluminación perfecta.
2. El Encuentro y las Pruebas de Marpa
Cuando Marpa llegó a la India, fue dirigido hacia Naropa por intermediarios espirituales. Al encontrarse por primera vez en Phullahari (cerca de Nalanda), Naropa reconoció de inmediato el tremendo potencial de Marpa y exclamó que su llegada había sido profetizada por los budas.
A pesar del profundo amor mutuo, la transmisión no fue un proceso académico sencillo. Marpa tuvo que realizar tres viajes a pie desde el Tíbet hasta la India, cruzando los Himalayas plagados de bandidos, enfermedades y calor extremo.
Para recibir las transmisiones de los Seis Yogas y el Mahamudra, Marpa tuvo que demostrar una confianza absoluta:
- El sacrificio del oro: En el Vajrayana, el oro se ofrecía como símbolo de valorar el Dharma por encima de cualquier riqueza material. En una ocasión, Naropa tomó todo el oro que Marpa había acumulado con tanto esfuerzo y lo arrojó al bosque. Ante la sorpresa de Marpa, Naropa tocó el suelo con el pie y transformó toda la tierra en oro puro, diciéndole: "Para mí, todo el universo es oro; no necesito el tuyo, pero tú necesitabas purificar tu apego".
3. La Transmisión de los Seis Yogas
Naropa introdujo a Marpa en los tantras de Hevajra y Chakrasamvara, los cuales contenían la estructura de lo que hoy llamamos los Seis Yogas de Naropa. Naropa no se limitó a entregarle textos; le transmitió el empoderamiento vivo (Abhisheka), la instrucción oral secreta y, lo más importante, la bendición directa de mente a mente.
Durante años de retiro en la India bajo la guía de Naropa, Marpa practicó intensamente el yoga del calor psíquico (Tummo), el cuerpo ilusorio y el yoga del sueño, logrando una realización idéntica a la de su maestro.
El Milagro de la Disolución de la Deidad
La prueba final de la transmisión ocurrió cuando Naropa hizo aparecer en el espacio una manifestación radiante de la deidad tántrica Hevajra junto con su mandala. Naropa le preguntó a Marpa: "Hijo mío, Marpa, ¿ante quién te postrarás primero? ¿Ante la deidad Hevajra o ante mí, tu Gurú?".
Marpa, deslumbrado por la belleza celestial de la deidad, se inclinó ante el mandala de Hevajra. Naropa se rió y le recordó que la deidad no es más que una emanación de la mente del Gurú. Al instante, Naropa absorbió todo el mandala gigante de la deidad dentro de su propio corazón. Marpa comprendió profundamente que el maestro externo es la fuente de todas las deidades y del camino.
4. La Profecía del Linaje
Antes de que Marpa regresara definitivamente al Tíbet para difundir las enseñanzas, Naropa realizó una famosa profecía sobre el futuro de su linaje. Mirando hacia el norte, bendijo la tierra del Tíbet y predijo que, aunque el linaje de Marpa no florecería a través de sus hijos biológicos (el hijo de Marpa, Darma Dode, murió trágicamente joven), su linaje espiritual crecería como una cadena de montañas, donde cada discípulo sucesivo sería más realizado que el anterior.
Esta profecía se cumplió exactamente cuando Marpa transmitió estos Seis Yogas y el Mahamudra a su discípulo más famoso, el gran yogui poeta Milarepa, quien a su vez los transmitió a Gampopa, consolidando la escuela Karma Kagyu que llega intacta hasta nuestros días.